La Coctelera

Zuara

"Soñar y soñar es todo, amigo, y el hombre, que a sí mismo se compadece tanto, hace poquísimas cosas reales desde que se levanta hasta que se acuesta..." Medardo Fraile - Monólogo de los sueños

4 Octubre 2011

Concierto en Colonia

Puesto en solfa todo el orden de cosas se imagina uno lo más cercano a una bocanada de libertad. Sin embargo, en ese estado momentáneo, pasajero, el fin está, como la misma percepción, decidido, palpable, y es la espera la que ocupa tiempo y espacio. Teniendo el futuro su misma realización en el presente, pues eso es la espera, se puede jugar a crear mundos. Así, de una manera paciente y constante, caben todas las euforias, todos esos mundos, nacidos de la fragmentación de lo absoluto, y se aparecen, en el salón de un hotel.

Presto a la huída, en una sublevación, en un limbo sin normas, rodeado de mesas. Las maletas, continentes enteros, ya partieron lejos, haciendo del viaje y su situación un terso y amable lugar común del siglo veinte. La recepción, los botones, colaboracionistas de ese marco de la espera sufren una regresión tras otra hasta el miedo, elemento consustancial de la libertad conquistada, del mapa en blanco convergente en el final de las cosas. Es la infancia, en sus rostros clarividentes, la que visita a la espera, la espera de querer abandonar el hogar mientras el maletero del coche se llena repleto de bultos, del amargo trago de romper el orden de forma periódica, siguiendo el camino que indica el ruborizado lamento de saber que todo es idéntico aunque eufórico, la quemazón de enunciar la verdad de la repetición. Y entre uno y otro acontecimiento se suceden idénticas esperas, idénticas mesas de hotel e idénticos nómadas, idénticos viajes hacia ninguna parte, idénticos consejos. El cansancio hace mella en las butacas, los clientes pasean falseando sus incertidumbres, disfrazándolas de movimiento y curiosidad.

En la espera sólo existe algo seguro, su fin. No existe y lo hace, las llegadas en falso, recorriendo la calle cruzando la mirada con cabezas pequeñas, idénticas en su sustancia, en sus ojos y mirar. Qué países tan pequeños todos y cada uno de ellos, todos y tan pequeños. Y caminando había sucedido que uno de esos países tan pequeños, afectados, le había conducido a las mesas del salón del hotel, a la espera, ahora y aquí. Recordado como un país falsario, traidor, ahora, entre los viajantes de comercio, entre los turistas, entre los mozos y sus carros, entre los camareros y recepcionistas, entre decenas de pies y cada uno de sus pasos, entre los pasos propios, caminando sentado, en el ojo del huracán de la espera, sin las maletas, sino los ojos clavados en el suelo. “El exilio es una mentira”. Se puede creer que lo ha dicho el adolescente de la camiseta amarilla, o la mujer desgastada del vestido blanco, o la muchacha de imponente escote. Todos juegan alrededor de la butaca de la espera, la confusión impide reconocer al ángel anunciador de falacias, aunque se trate de un país pequeño especializado en la renuncia. Los ojos, pues, clavan el suelo y lo ribetean de miedo infantil cuando el coche rebosaba y arrancaba con el crepitar de la grava bajo los neumáticos.

Tiene que llegar ese país pequeño que le llevó a la recepción y ahí está la espera, partir después, esperar ahora. Gafas redondas, pelo canoso que oculta un pequeña coronilla, carpetas bajo el brazo. Puede creerse que esa descripción mínima completa al ser mínimo al que se espera, puede creerse todo lo contrario, al fin y al cabo éste será recordado como un traidor, como un fingidor, un alevoso. Lo ve y lo deja de ver, pues el que deambula entre las mesas bajas no lleva ninguna cartera encima, ninguna carpeta, las manos libres y todo a su servicio, no es él, es un padre de familia, pusilánime en su esencia, como otros que saltaron por los aires el día de la furgoneta y el C4, explosivo plástico, de relativamente fácil consecución. ¡Qué día! Aun no han reconstruido la planta baja del centro comercial, aun sigue el centro precintado, aun el orden recuperándose. Eso convirtió amigos en enemigos, algunos, ahora detrás, lejos, tanto como las maletas, pero de una forma más metafísica, la única que cabe entre enemigos. Eso lo dejó todo lisiado, el movimiento, la acción y el orden. Eso quebró la historia y las simpatías, pero lo impulsó todo hacia delante. Pero pese a eso ahora las butacas siguen en su sitio, llenas, la sutura en la herida, pero todo cojo. Y la espera, plena, completa, a punto de abandonar todo lo que previamente se abandonó a sí mismo, ese todo que expulsa los matices lejos, tras las maletas, los matices que habían de darle la vuelta. La realidad es esta, no hay ninguna otra, hoy, aquí, la espera. “El exilio es una mentira”. Lo gritan desde el coche que crepita sobre la grava cuando la angustia se apodera de todo. Es un grito sordo, también angustiado, expulsado con todo el poder que otorga la ira.

- Hola.
- Hola.
- ¿Qué tal va todo?
- Disculpe, pero estoy esperando...
- Disculpe, soy sordomudo, ¿me compra este mechero?
- No fumo.
- Pues para las mechas de sus bombas.
- ¿Qué?
- El exilio es una mentira.
- ¿Pero qué...?
- El mechero, ¿me lo compra?
- No, y...
- ¡Hasta luego señor!
- ¡Oiga, oiga...!

Creer que el hombre cano y de gafas redondas era un padre de familia pusilánime fue un error. Ahora aparece con dos carpetas bajo el brazo. Se aproxima ladino entre los turistas, entra en el círculo de las butacas. Primer círculo, segundo círculo, tercer círculo, ya está aquí. Se sienta. Su mirada monta encima de las gafas.

- ¿Camarada?
- Camarada.
- La carpeta blanca contiene el primer plan de fuga...
- Hable más bajo, por Dios.
- Por supuesto. Carpeta blanca: pasaportes, billetes, itinerarios... todo.
- Bien.
- La segunda, la negra, contiene el segundo plan de fuga. Lo mismo: pasaportes billetes, itinerarios... Ahora debe escoger. Parece muy novelesco... – la risa acompañó a los puntos suspensivos – pero es muy fácil. ¿Está al corriente de las claves, supongo?
- Supone bien.
- Bien, entonces no hay dificultad alguna.

Crepitar de grava. Las maletas lejos. Se acabó la espera.

servido por zuara sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Camino (esto) sin moverme (no). Camino (es) buscando (una) SENDEROS (bitácora).

Fotos

zuara todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera