Combustión lenta – Cuento #20
Soy tan ajeno a todo que me doy miedo, podrÃa subirme a un tren, a un avión, con un cinturón de explosivos y no me lo impedirÃa control alguno, y menos aún algún tipo de escrúpulo o legislación vigente. La renuncia acaba allà donde empiezan las explosiones. Nada me atemorizarÃa, tampoco esperarÃa llegar a ningún tipo de cielo, incluso preferirÃa sobrevivir en acto para poder ver la destrucción que yo, únicamente yo, causarÃa. La terca pretensión del dolor ajeno me mantendrÃa vivo mientras mi cuerpo se desgaja desgajando al resto de seres de mi alrededor. Esto no es una apologÃa a la inmolación, es el deseo contenido del fin, del finiquitar de lo humano en mÃ, convertir la sangre en abundancia, y en el último testimonio de mi inanidad, resquebrajar organismos idénticos al mÃo, sesgar vidas con la autoridad que me concede esa misma sangre en mi, ellos se salvarán, yo los destruiré, la celebración de la vida mediante la expansión súbita de su Némesis.
